Heredera de una tradición comercial de tres generaciones, María Lourdes Horn, reconoció que la bajada definitiva de las cortinas de Electro Horn, obedeció a una situación económica país que se ha venido acentuando desde 2024.
06 de Octubre de 2025 | 09:42
Electro Horn, una de las casas comerciales más emblemáticas y antiguas de Puerto Varas, luego de tres generaciones, sus dueñas decidieron bajar sus cortinas de manera permanente el pasado 30 de septiembre, informó este lunes diario El Llanquihue.
La empresa fue fundada en 1946 por los hermanos Antonio y Florian Horn Klenner, ambos hijos de Antonio Horn Teuber y nietos de Franz Horn, el primer descendiente nacido en Chile de colonos alemanes que se asentaron en torno al lago Llanquihue. La familia estuvo inicialmente vinculada con una fábrica de puertas y ventanas que funcionó en el sector alto de la comuna (cerca del actual colegio Inmaculada Concepción), la cual también se dedicó a la elaboración de ataúdes.
No obstante, durante la década de los años cuarenta, antes incluso que sus hermanos Antonio y Florian, fue Bernardo quien se instaló con una imprenta y librería que se destacó con el apellido familiar y que funcionó ininterrumpidamente hasta diciembre del año 2024.
Inicialmente, Electro Horn fue creada como un emprendimiento comercial dedicado a abastecer de insumos de música y electrónica para clientes desde Calbuco hasta Osorno. Gracias a sus conocimientos como contador, el negocio floreció en las manos de don Antonio, particularmente luego de que, debido a problemas de salud, su hermano Florian fuera diluyendo su participación en la sociedad.
Antonio Horn fue padre de seis hijos, tres por cada uno de sus dos matrimonios. Uno de ellos fue José Odilo Horn, quien inicialmente optó por responder al llamado vocacional religioso y partió rumbo a España para incorporarse a la Congregación del Verbo Divino. Había iniciado su preparación para el sacerdocio cuando, en 1968, se produjo el fallecimiento de su padre.
Como hijo mayor de la familia debió retornar a Chile para hacerse cargo del cuidado de sus hermanos y madre, y para ello se incorporó a la administración de la empresa iniciada por su progenitor.
Bajo su administración, Electro Horn no sólo prosperó comercialmente, sino que se amplió hasta contar con tres locales comerciales, para diversificar así su oferta en muebles, electrónica y línea blanca. Fueron los años dorados de aquella empresa familiar, incentivados no sólo por la atención personalizada que prodigaba su propietario hacia sus clientes puertovarinos, sino también porque fue el primero en otorgar créditos para que familias de escasos recursos pudieran optar a productos que habitualmente estaban fuera de su alcance.
Eran los tiempos en que aún no existían las multitiendas (solo tiendas como Dimarsa prosperaba en Puerto Montt) o las tarjetas bancarias, y pocas empresas se atrevían a facilitar créditos a clientes considerados de alto riesgo.
Sin embargo, Odilo Horn, fiel a su vocación social, optaba por confiar en sus compradores y acordaba con ellos las fechas de pago. Fueron sus clientes más humildes aquellos que se convirtieron en los pagadores más puntuales para responder a esa inédita confianza.
Su sello de atención personalizada se reflejaba incluso en que los créditos se anotaban con nombre y apellido, no por RUT, y ante la llegada de los grandes centros comerciales, se privilegiaba la flexibilidad en el pago de los compromisos.
“Cada cliente era una persona, no un RUT. El papá siempre le otorgó la responsabilidad al cliente. Le decía: ‘Ok, usted necesita comprar una cama, yo se la traigo. Pero usted es responsable de cumplir. ¿En qué fecha le conviene pagar?’”, les decía. “No había ese negociado que hacen algunas tiendas”, recalcó su hija, María Lourdes Horn.
“En el fondo, el papá se la jugó por gente de pocos recursos, los trabajadores del campo que no tenían contratos en ese tiempo, los jardineros, las nanas, las personas que en el fondo no tenían papeles que respaldaran su solicitud. Y esos clientes, ¡qué manera de ser fieles!, porque agradecían, o sea, lo valoraban”, agregó.
El lema de la empresa, “Un mundo para servir”, se hacía carne en la atención y dedicación cotidiana expresada hacia su clientela.
De igual modo, Horn estuvo siempre atento a colaborar con todas las instituciones de Puerto Varas, ya fueran religiosas, sociales, de Bomberos o escolares que acudían buscando algún apoyo para alguna rifa. “Él acogía mucho todas las necesidades de la ciudad (…) y le agradecían muy encarecidamente sus donaciones”.
En 1974, José Odilo Horn contrajo matrimonio con Adriana Bonnault Cárdenas, quien desde 1978 comenzó a trabajar como una empleada más de la tienda hasta hacerse cargo de la tesorería. “Entonces teníamos el local frente a la casa y yo me venía a trabajar al local”, mencionó.
Bonnault recordó que como emprendimiento comercial siempre estuvieron a la vanguardia de las nuevas tecnologías. De hecho, fueron los primeros en incorporar un sistema computacional en Puerto Varas, así como también fueron de los primeros en probar los modernos equipos de sonido de disco compacto que llegaron a la comuna directamente de empresas proveedoras.
Fuente: https://www.soychile.cl/puerto-montt/sociedad/2025/10/06/923779/local-comercial-antiguo-puerto-varas.html
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